Lo que comenzó como una temporada de lluvias inusual para el mes de enero se ha transformado en una de las crisis humanitarias más graves de los últimos años para el municipio de Necoclí. El desbordamiento del río Mulatos, alimentado por precipitaciones torrenciales en la parte alta de la serranía, ha golpeado con furia a la población, dejando a más de 1.100 familias damnificadas que hoy luchan por recuperar lo poco que les quedó tras el paso del agua.
Crónica de una noche de zozobra: La emergencia alcanzó su punto máximo durante la madrugada, cuando el cauce del río superó todos los niveles históricos de seguridad, rompiendo diques artesanales e inundando en cuestión de minutos las viviendas de las zonas bajas. Habitantes de las veredas afectadas relataron cómo el lodo y los escombros arrastrados por la corriente ingresaron a sus hogares, obligándolos a evacuar hacia zonas altas solo con lo que llevaban puesto. El balance es desolador: se reporta la pérdida total de cientos de hectáreas de cultivos de plátano, banano y coco, que representan el sustento económico de toda la subregión.
Impacto social y sanitario: Más allá de los daños materiales, la preocupación de las autoridades de salud radica en el estancamiento de aguas residuales y la falta de acceso a agua potable, factores que podrían desencadenar brotes de enfermedades gastrointestinales y de piel, especialmente entre la población infantil y los adultos mayores. El acueducto local ha sufrido afectaciones parciales, lo que ha obligado a la administración municipal a declarar la Calamidad Pública para agilizar la llegada de carrotanques y suministros médicos.
Respuesta y solidaridad regional: Desde la capital del departamento, el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres de Antioquia (DAGRAN) ya ha coordinado el envío de las primeras toneladas de ayuda humanitaria, que incluyen kits de aseo, colchonetas y alimentos no perecederos. Sin embargo, el llamado del alcalde de Necoclí es contundente: se requieren obras de mitigación estructural y el dragado urgente del río para evitar que la próxima lluvia borre definitivamente del mapa a las comunidades rurales.
La resiliencia de los habitantes de Urabá se pone a prueba una vez más ante los embates de la naturaleza. Mientras se espera que el nivel del agua descienda para iniciar el censo oficial de daños, la solidaridad de los antioqueños empieza a movilizarse hacia la costa. Para conocer cómo puede ayudar y seguir el minuto a minuto de esta recuperación, recuerde que Antioquia es información.
