La paz sigue siendo una promesa esquiva en la ruralidad antioqueña. El Gobernador de Antioquia ha tenido que elevar una solicitud urgente al Gobierno Nacional y al Ministerio de Defensa debido a la escalada de violencia en el norte del departamento.
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Los combates: Zonas rurales y veredales del municipio de Yarumal se han convertido nuevamente en un campo de batalla. Estructuras armadas ilegales (históricamente, el Clan del Golfo y disidencias de las FARC, que se disputan a sangre y fuego las rutas del narcotráfico y la minería ilegal) han sostenido intensos enfrentamientos en los últimos días.
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El impacto humanitario: El fuego cruzado tiene a decenas de familias campesinas sumidas en el terror, muchas de ellas confinadas en sus propias fincas o escuelas rurales, sin poder salir a abastecerse de alimentos o a trabajar sus cultivos por temor a quedar en medio de las balas o ser víctimas de minas antipersonal (MAP) instaladas por los grupos armados para proteger sus campamentos.
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La exigencia institucional: La Gobernación ha pedido un despliegue inmediato del Ejército Nacional para recuperar el control territorial, proteger a la población civil y establecer corredores humanitarios que permitan la entrada de la Defensoría del Pueblo y asistencia médica.
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